Ruta PRS68 Las Cabeceras Selaya

        

Los tres ríos, el Pisueña y sus afluentes Campillo y Hormillas, definen, en la parte más alta del municipio, un espacio caracterizado por unas peculiares formas de vida, de ocupación y de explotación del medio.

En un paraje natural envidiable, tendremos la oportunidad de contemplar los elementos que definen la cultura pasiega, ejemplo de desarrollo para el resto de las comunidades montanas de la cordillera cantábrica desde la alta Edad Media.

La ruta se inicia en Pisueña, en el lugar donde acaba la carretera que viene aquí desde Selaya. La cabecera del río conforma la primera parte del recorrido. Iremos del puente de Guzmazán al rellano de Losa siguiendo "el camino de la Garma" para ascender después hasta Las Cocheras, paraje situado en el cordal que separa el Pisueña del Campillo.

Durante esta primera hora de trayecto disfrutaremos de un variado panorama vegetal entre el bosque de galería y el hayedo robledal que cubre la ladera del Tujo, situada a nuestra derecha. Sin embargo, lo realmente novedoso, es el paisaje agrario y humano. Nos encontramos en un área de poblamiento pasiego que mantiene inalterados los caracteres que lo definieron en su origen hace casi cinco siglos. Hoy este entorno, cada vez menos poblado, es desde el punto de vista de su desarrollo económico uno de los más humildes de la montaña. Pero no siempre fue así. Frente a la creencia habitual, la pasieguería fue el origen del desarrollo económico y en buena medida del desarrollo cultural, del ámbito montano cantábrico. El paisaje que contemplamos, con fincas cerradas que aprovechan hasta el último rincón de espacio cultivable e innumerables cabañas distribuídas regularmente en las laderas de estas montañas, a fin de aprovechar todos los pastos, no es fruto de la casualidad. Responde a una estrategia económica que revolucionó en plena Edad Media los fundamentos de la organización del espacio agrario. Este paisaje, que se repetirá más adelante en Campillo y en Bustantegua, tiene su origen en el siglo XVI, cuando los primeros pobladores del ámbito pasiego optan por transformar el espacio agrario, convirtiendo los terrenos de monte de propiedad y uso común en fincas cerradas de aprovechamiento individual.

Con anterioridad, todo el territorio de Montes de Pas, de cuyos límites formaban parte estas cabeceras carredanas, habían sido espacio de uso de la abadía de San Salvador de Oña. El monasterio burgalés disfrutó desde el siglo XI de los derechos de pasto en las brañas pasiegas o puertos de altura, con la capacidad incluso de ampliarlas por roza, y también del derecho de uso de los seles, término presente a menudo en la toponimia de la zona que designa lugares de acogida para el ganado durante la noche.

Antes aún de la ocupación mencionada, este territorio fue objeto de uso privativo de los monteros de Espinosa, un grupo de ganaderos locales asentados en los concejos de la villa de Espinosa, que haciendo ley de una costumbre, hicieron suyos los viejos privilegios de Oña.

Continuando la ruta donde la dejamos, descendemos ahora hasta Campillo. Para ello hemos de abandonar la pista que tomamos en Las Cocheras, en la siguiente curva a la izquierda. El del Campillo es un valle de igual condición en lo cultural, de menores dimensiones geográficas y afluente del anterior. El descenso hacia el Norte es muy rápido y en la última parte atraviesa de nuevo un pequeño bosque mixto dominado por hayas y robles. Las duras condiciones de vida, asociadas al aislamiento, no han hecho perder a las gentes de este entorno el carácter cordial con que suelen recibir al visitante. La sencilla economía que practican contrasta con la del fondo del valle, mejor adaptada a las condiciones actuales del mercado. Pero esto tampoco fue así en el origen. Si hemos dicho que el pasiego revolucionó el paisaje agrario con los cerramientos, no fue menor el cambio en lo económico. Durante la alta Edad Media, en el contexto de unas economías de subsistencia, sin comercialización más allá de las producciones cobradas como rentas por los propietarios señoriales, el régimen pasiego se aproximaba a lo mercantil.

Como resultado de un proceso minucioso de selección del ganado, los pasiegos obtuvieron un tipo de raza bovina, bien adaptada al medio y a sus necesidades. La vaca pasiega, ofrecía una leche de altos contenidos grasos, idónea para la producción de derivados lácteos, que pronto alcanzaron merecida fama y alto precio en el mercado. La desaparición de la vaca pasiega supuso una reorientación de la cabaña hacia la recría para exportar a Castilla, lo que se tradujo en la necesidad de estabulación permanente del ganado.

Continuando el paseo, y una vez en Campillo, tomaremos hacia el Este la pista que atraviesa toda la ladera del valle. Allí donde finaliza, nace un camino que asciende hasta la carretera comarcal Selaya-San Roque de Riomiera. Descendemos por ella cien metros, y en el lugar conocido como Prao La Casa, tras la cruz de Campillo, tomamos el camino que nos conducirá a Bustantegua entre un singular bosque mixto atl‡ntico en donde hayas, robles y abedules compiten por el espacio con castaños, espinos, fresnos y acebos de gran porte.

Sobre un antiguo puente de piedra accedemos a Bustantegua.

Descendiendo por una pista pronto alcanzamos La Espina, encrucijada de caminos entre Valvanuz, Campillo y Selaya. Todo el recorrido queda enmarcado por la presencia, al Este, del enérgico relieve de Los Picones de Sopeña, que guardan en su seno el magnífico hayedo de La Zamina, en la vertiente al Miera, y actúan de pantalla orográfica para los frecuentes vientos de poniente, lo que hace de estas cabeceras pasiegas uno de los lugares más húmedos de la región.

Mapa de la Ruta

 

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